Y los esperamos
se confundieron en el mismo instante
Luego vino luego queso
vino el beso
vino el yeso y quedó tieso
descansando en la llanura amplia
de su vientre amado, de su vientre dueño
petrificado
esbozando una sonrisa quieta
desde el sueño-vuelo de su pedestal eterno
esbozando una sonrisa quieta desde su alma
que pasaba aquel invierno.
Antonio García