A Checo
Qué será de ti, hermano,
la tarde lluviosa, que de su mano
un mismo viento vuelve a traer
a orillas de mi existencia;
nostalgias que socavan mi ser
a golpe de tu dolida ausencia.
A dónde a parar fueron,
en qué cosa se convirtieron
cada signo, cada trazo,
cada esbozo de tu vida,
si apenas tomabas de tu vaso
cuando dejaste a medias tu bebida.
Quién fue, para su fortuna,
de tus versos ricos de plena luna
y de tu amor adolescente, destinataria;
de tu último adiós una alborada
que, mochila al hombro y tu guitarra,
partiste en pos de tu niña amada.
Cuánta pregunta y dolor llevo conmigo
yo, que de tus versos y sueños fui testigo.
Tanto amor, tanta vida en tu mirada,
cuánto horizonte de curvatura bastante,
más amplia que la madrugada,
para quedar truncos en un instante.
Retorna ya sobre tus huellas
sin temor y sin querellas,
y sin hacer al Arcano reproches,
a donde siempre has tenido un lugar.
Trae contigo los soles y las noches
que tejieron la infantil historia del hogar.
Y por tus huellas a orillas del mar,
y las lejanas notas de tu cantar,
regresa sin aviso a mi soledad.
Retorna de vez en cuando
a alojarte en mi alma, en su oquedad,
y con el mismo viento sigue llegando.
Arturo Valdez