D
e
snudo
estoy
en
el
umbral;
ven,
t u
c u
e r
p o
a n
s
i
oso de la ternura y frenesí, de la locura de mis manos, a tientas,
a ciegas te traerá por el camino sin reclamos. “Ven”. Sólo otra
vez, yo te digo: “Ven. Aquí espero”. Lo sé —–y hazle como
quieras—- vendrás tu cuerpo a compartir conmigo.
Antonio García