Tierna despedida. Resistencia al olvido. Ausencia anticipada. La muerte es subyugarse al oscuro resentimiento de partir.
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Resplandeció la luna en la nacarada línea de tu torso desnudo. Mi sombra de hojalata, fundida sobre ti, eclipsó la noche.
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La distancia entre tú y yo es una línea. Inmaculada. Finamente dispuesta. Estoy en el extremo de la necesidad. Hierve en ansias el deseo. Y allá, en la otra punta, está la desnudez de tu nariz pegada a los cristales.
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La sonrisa hiere cuando la dentadura arranca el pedazo. Me seduce la cuerda floja del suicida. A mi lado ¿has pensado cuánto odio te tengo? No más falsedades. Nunca aceptes hasta que la muerte nos separe.
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El día que recordé a mi abuela muerta, un carrusel de fantasmas vino a mí. Y me contaron que el cielo es como el mar, la muerte vida silenciosa y profunda, sin presagios ni tormentos. Es luz anidada en la memoria, dijeron.
Guillermo Berrones