Treintaycinco

El treinta y cinco es el número natural que sigue al 34 y precede al 36. Por señas particulares dícese del 35 que es un número compuesto, que tiene como factores propios al uno, al cinco y al siete, que se trata de un número defectivo y además pentagonal.

Los romanos lo representaban con tres equis (qué rico) y una V (yumi yumi) y se le ha visto relacionado con las causas y los hechos más variados.

En geometría, por ejemplo, se dice que existen 35 hexominos, en la tabla periódica, el 35 es el número atómico del bromo, en un directorio telefónico 35 es el código internacional de Suecia. 35 por ciento es lo que ha subido la canasta básica en los últimos meses y 35 grados es lo que acá en el D.F. consideramos calor depravado.

Jorge Luis Borges publicó su primer libro de cuentos en 1935 y Julio Verne tenía 35 años cuando publicó el propio (su primera novela). En el número 35 de la calle Julio Verne, en Polanco, está la Embajada en México de Eslovenia y en Eslovenia hay exactamente 35 estaciones de esquí. A 35 kilómetros de Monterrey está el municipio de Santiago, Nuevo León, donde son de oro los niños de las roscas. Y justo allí, en Monterrey, en unos días se reunirán 35 talentosos escritores sanmillanos a celebrar las 35 primaveras de una arquitecta, poeta y amiga a quien se le quiere mucho y se le quiere bien.
 
A ustedes, quienes se han de reunir y a ti maravillosa convocante-provocante, manifiesto:
 
H. Encuentro Internacional de Escritores Sanmillanos
P  R  E  S  E  N  T  E  S
 
Sirva este medio para, con más pena que gloria, disculpar a esta imperdonable mujercita de vida disipada y controvertida profesión por su increíble y triste ausencia a tan comedido, fino y elevado reventón.
 
Puedo matar por enésima vez a mi sacrosanta abuela que, testaruda como yo, se niega a entregar el equipo (tal vez alguien allá arriba -o abajo- se ha olvidado de que aún anda por acá). Puedo también llorarle el cáncer a mi jefecita, aunque la neta de cáncer no tiene ni el signo zodiacal. Puedo inventar cualquier cantidad de pretextos inspirados y fantásticos que eximan sin duda de cualquier responsabilidad mi pertinaz ausencia. La neta, sin embargo, es que son otros dos vulgares enseres personales los que me impiden abandonar mi ciudad de cielo de ámbar y lamentar a distancia mi ausencia en tan prestigiada pachanga regiomontana. Una razón que me obliga a quedarme acá es revelable, la otra la he de confesar inconfesable.
 
La razón pública es el insuperable miedo que me da la invitación.
 
¿Dije miedo? Corrijo: La razón pública que me impide lanzarme con los festejadores es el pánico que me da el haber sido invitada. Una cosa es sentarse atrás de una maquinita plana y ver aparecer letritas en una pantalla brillante al ritmo de mis dedos apresurados y otra es sentarme a tomar cervezas con verdaderos profesionales. Nomás de pensarlo me tiemblan las piernitas. ¿Qué decir? Una puede vivírsela dándoselas de ser más macha que Juan sin Miedo, de apagar incendios con soplidos y cazar tiburones con las muelas, pero es que no es lo mismo ir desnudando nomás el cuerpo en habitaciones de hotel que desnudarlo todo en un evento cerebral. Sé que yo misma me estaría juzgando todo el tiempo y eso me haría imposible divertirme. Ni modo, a veces los prejuicios más pesados son los que tenemos contra nosotros mismos.
 
Me da mucha tristeza ser así y no atreverme, pero deseo de todo corazón que, cómo estoy segura, el rollo en el Gargantúas sea el evento más chingón de principios de siglo y que en unos años, los libros de la secun aburran a los chamacos desmadrosos haciéndolos estudiar la vida y obra de los Escritores Sanmillanos ¿Quién quita?
 
El caso es que no quiero dejar pasar la oportunidad de levantar mi copa y mis copas (y hay que ver que con tanto implante son copas respetables) y brindar cariñosamente por una amiga y una escritora de cepa, que nos da el pretexto de pensar las muchas cosas que puede significar un número y confirmar también que 35 puede ser, además, la edad en la que empieza lo bueno de la vida ¡Agarrate y pónte casco!
 
Muchos besos y arriba el norte.
 
P.D. Adjunto con la disculpa un abrazo apretadito y cachondón para desearte Lore el cumpleaños feliz que mereces canija.

Fernanda Siempre

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