Cronología de una postal o Las tres sonrisas a estas altas horas de la madrugada

7:12 a.m. Un pequeño ruido me despierta, y ésta no es mi cama, me doy cuenta que estoy en la de alguna clinica, mi vista está un poco borrosa, me duele un poco la cintura y la espalda, y por fin recuerdo lo que pasó.

La noche anterior me llamó la Doctora Esperanza, me llamó algo angustiada, y me pidió que fuera a hasta la clínica donde esa noche hacía su guardia, alguien había tratado de entrar a la fuerza y ella se encontraba sola con la enfermera de turno. Aunque eran apenas las diez de la noche, ya estaba bien dormido, había sido un día pesado, la luz y el estéreo seguía encendidos, seguía la posada de Horizonte 107.3 y el libro que leía “Cómo Ganar Amigos e Influenciar en las Personas” de Dale Carnegie que estaba leyendo, había caído al suelo. Aún con el dolor de la cintura y la espalda por hacer mal las pesas hace un par de semanas, salí y caminé hasta la avenida; realmente no quería ir, pero sentí que debía hacerlo, me lo pedía de favor.

7:37 a.m. Despúes de salir del baño me disponía a salir de la clínica, era muy de madrugada para mí éstas horas, Espe (como le digo a la doctora) me dío mil veces gracias por acompañarlas en la noche, y dice, “Si te vas por esta calle, llegas a la calle de Maricela… o, cómo se llama tu ex-novia?”, hice una cara de asombro, ¿Cuándo había hablado con Espe a cerca de Maricela?, y ella, sonriendo corrigió, “Ah, no, Gabriela se llama, no?”, -Sí-, asentí, no sin antes sentir una pequeña descarga eléctrica, pensaba, ¿Acaso hablé dormido y mencioné a “ella”, mencioné el nombre de Maricela…?

7:52 a.m. “Buenos dias…”, “Buenos días, joven”, me responde una señora un poco grande de edad, sonreí por vez primera en el día, recordé cuando en Escuintla Chiapas, salía temprano y solía saludar a cuanta persona grande de edad veía, y ellos me saludaban bien gustosos, una práctica un poco o un mucho descontinuada en esta ciudad. Aunque tambien raro sonreir a tan temprana hora, y más cuando estoy acostumbrado a leventarme a las diez de la mañana.

8:00 a.m. “Son las ocho, -me digo a mí mismo- a las ocho y cuarto se va “ella”, se va Maricela, y estoy a unas cuantas cuadras de verla”, aunque tenemos más de tres años de haber terminado, no hay resentimiento, y aunque tampoco amistad, no nos vemos casi nunca. Me dirijo entonces a esa avenida, donde “ella” espera su combi para irse a trabajar, me encantaría verla, aunque no le hable, sólo estar un poco cerca, ver cómo está. Creo que el hecho de que Espe me la recordara me motivaba a hacerlo.

8:16 a.m. Recibo un mensaje, es Elena, mi novia de 38 años, la chava más guapa con la que he salido, alta, ojos verdes, delgada, ¡espectacular!. Me dice en el mensaje “Que tengas una excelente día, niño hermoso”; le contesto “igual tú, my special girl, pero no me mandaste mi beso…”, cierro el cel, pero no sin antes ver el protector de pantalla, y ver la foto de las manos “ella”, de Maricela, con la leyenda “Impossible is Nothing!”, y con esa esperanza de alguna vez volver a tocar y besar esas manos que tanto amo.

8:17 a.m. Aparece. Se ve lindísima, trae una chamarra de mezclilla que nunca había visto, su cabello mojado, su porte y elegancia. Me ve y me sonríe, abre la puerta de la combi y con su mano me dice “bay”, sonrío tambien (ya son dos veces a éstas altas horas de la madrugada), mientras veo que se va, voltea y vuelve a sonreir.

8:20 a.m. De regreso a casa un nuevo mensaje, es “ella”, Maricela, pensé, pero no, “ella” no tiene mi número, es Elena: “Mua, mua, mua, te quiero mucho, niño hermoso”, “Yo tambien, see you soon…” contesto; sentí un sentimiento encontrado muy fuerte que de repente me nubla la vista, ¿porqué no puede ser “ella” quien me escriba, me hable a casa, me mande una postal…? me pregunto, aunque ya son tres años de preguntarme lo mismo y no encontrar la respuesta.

8:27 a.m. Llego a casa, Lucas me saluda, bueno, eso creo, o tal vez me reprocha que no le dejé croquetas anoche, ya no entro a casa, mejor voy a buscar una tienda a ver si a éstas altas horas de la madrugada ya hay una abierta. “Buenos días, güero, quiero un kilo de croquetas, ah, y véndeme un foco de sesenta” “No hay de sesenta, sólo de cien”, “¡Me lleva! -pienso-, puse focos de sesenta porque la otra vez no había de 100, pero bueno…”

8:45 a.m. Por fin entro, Lucas se para en dos patas y casi me llega a la cara, ya olió su comida y está contento, “Hola, Lú, ¿Cómo te portas?”, mientras en el suelo veo algo diferente a lo de siempre, una postal o algo así, “Qué raro, anoche no estaba, y a estas altas horas de la madrugada no sé quien la pudo haber traido”, y aún más sorprendido porque Lucas ni lo ha tocado, como suele hacer con todos esos folletos de tiendas de autoservicios o los estados de cuenta de los bancos o el recibo del telefono.- “¡Qué raro…!, entonces lo levanto, veo que es una postal, ¡Será de “ella” me pregunto de nuevo?, pero no, leo, y por fin, y antes de de las nueve de la madrugada sonrío por tercera vez en éste día, “Lorena Sanmillán” es quien la firma, y yo recibí por vez primera en mis treinta y un años de vida, una postal dedicada.

Alberto Rivera “Incitatus”
Advertisements

One Response to “Cronología de una postal o Las tres sonrisas a estas altas horas de la madrugada”

  1. ¡nc¡tatüs Says:

    Siguiendo la cronología:

    10:50 a.m. Melo, mi hermana, me ha marcado dos veces más, no le he contestado el celular, una, porque estaba bañandome; dos, porque seguro quiere que me apure y la alcance en el Banco, tengo que llevarle lo de la inscripción de Ileana, mi otra hermana, al CCH de la UNAM. Y no es que no quiera, sino que me despertaron muy temprano para eso.

    10:52 a.m. A pesar de que tengo el volúmen del estéreo muy alto, escucho que Lucas ladra como desesperado, pero no es raro en él, imagino que Jaime, mi vecino mecánico de enfrente, ya dejó algún coche frente a mi casa, desde que me dí cuenta que mi coche tiene el número de motor de un vehículo robado, no lo he sacado, y él aprovecha para estacionar sus autos ahí, ya que sabe que no lo voy a molestar para quitarlos. Sin embargo, también logro escuchar el silbato de un cartero, que insistente, y mientras Lucas no deja de ladrar, aguarda a que yo salga, ya que, por el estéreo, se ha dado cuenta de que estoy en casa.

    10:53 a.m. El cartero insiste con su silbato, y eso es raro, por lo general siempre deja la folletería y recibos del banco o teléfono sin esperar a que salga, a lo cual, después de gritarle que ya iba, salgo con solo el pantalón y sandalias, algo mal humorado por salir casi desnudo. “¿Alberto Rivera?”, “Sí”, respondo mientras veo en sus manos un gran sobre de color amarillo con varias estampillas, entre las que distingo alguna del Santo, “¿Tendrá su credencial de elector?”, “Sí”, afirmo y subo corriendo con algo de emoción por ella. “Firme aquí y eso es todo, gracias”.

    10:59 a.m. Melo vuelve a llamar, sigo sin contestar. Pero ahora, una gran sonrisa invade mi rostro. Una carta, un Reconocimiento, pero sobretodo su agradecimiento por mi pequeña participación en el Sanmillano 2008, hace que vea materializado de alguna forma mi sueño, que lo que escribí alguien lo leyó, y sirvió para algo.

    Alguna vez lo dije, fué a partir de ése texto, que incursioné en el mundo bloguero. Y éste fué a partir de recibir una postal de navidad por parte de Lorena Sanmillán.
    Una vez más, Gracias Lorena, por compartir y dejarme compartir en éste bello mundo de letras…

    Alberto Rivera “incitatüs”

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: