Kryptonianos

Antonio Castro Manzano y yo somos de kryptón. Un día nos vinimos de rol a la tierra  y se nos pegó Kal-El, un amigo del barrio. Al llegar a este planeta descubrimos que teníamos superpoderes y decidimos ayudar a la gente. Pronto adquirimos notoriedad  y eso nos acarreó algunos enemigos. Uno de ellos, Lex Luthor, acicateado por la envidia, decidió acabar con nosotros para apoderarse del mundo. A Antonio y a mí nos anuló inyectándonos una substancia llamada kryptonitosa. Con Kal-El no pudo porque éste, mediante un súbito cambio de dimensión temporal, logró eludir el ataque y sometió a su némesis. Luthor, con la derrota, perdió su estatus de supervillano y la Oficina General de Patentes ya no se la quiso renovar. Del coraje hasta el pelo se le cayó.

 

Antonio y yo, reducidos ya a simples mortales, tuvimos que elegir alguna actividad para ganarnos la vida. Yo escogí ser escritor porque sabía que autores como García Márquez o Carlos Fuentes ganaban millones. Antonio prefirió ser editor porque pensó: “Si eso ganan los escritores, ¿cuánto no ganarán sus editores?”.

 

Kal-El, también llamado Supermán, al no tener rivales de categoría reconocidos  por la Comisión Mundial de Supervillanos, se aburría terriblemente hasta que la televisión le dio trabajo en una serie llamada Smallville (Villachica para los cuates), donde enfrentaba toda clase de peligros, oculto en la subidentidad de Clark Kent. Lex Luthor, al enterarse, le fue a solicitar trabajo, culpándolo de su indigente situación. Kal-El, como todo noble kryptoniano, le tendió la mano y ahora Luthor hasta carro tiene (una carcacha noventera de marca descontinuada). Incluso llegó a tener novia en la serie (Lana Lang, después de una jugosa renegociación contractual de la actriz que la interpreta).

 

Antonio y yo también acudimos con el ahora serializado Kal-El, pero cometimos un error: le pedimos papeles de galanes. Kal-El nos desarmó de inmediato: “¿Con esa cara? Si acaso se los daría de villanos, no más”. Antonio y yo reaccionamos con encono kryptoniano: “¡Que la kryptonitosa te acompañe!”.

 

Hoy en día nuestra amistad es unilateral. Cuando nos encontramos con Kal-El, él de inmediato nos da su autógrafo y se aleja volando velozmente. No lo culpamos. Antonio y yo sobrevivimos con dignidad. Sólo esperamos que cada día nos den un plato de comida o el Premio Nobel de Literatura. Lo que ocurra primero.

 

Eligio Coronado

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: