La importancia de saber contar

Tres giros dio el trapecista en las alturas y al extender los brazos supo que algo faltaba. Alcanzó a ver un pegote amarillo en la barra del columpio: “Me sentí indispuesta. Espero no te molestes, honey”, rezaba la nota. Fijó la vista en el suelo y vio venir la suerte. El público se desgarró en un gritó. Luego, un silencio sobrecogedor. En lo alto quedaron los columpios: cadencia y exactitud meciéndose durante largo rato.

 

Víctor Olguín

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