Nomás hicimos barbacoa

I. Amenacé con casarme con el primero que se me pusiera enfrente, porque mi papá no me dejó ir de monja. Y el primero fue tu abuelo. Él siempre tuvo buen porte. La primera vez que lo vi fue un domingo en la plaza, andaba a caballo y vestía un traje café con el que se veía muy charrito. Las mujeres caminábamos de un lado y los hombres del otro. Pasaron algunos domingos antes de que se acercara conmigo. En esos tiempos no nos permitían ni que nos tomáramos de la mano, así que me envió una carta por medio de mi prima y uno de sus hermanos. Ya luego me enteré que no sabía escribir.

 

Unas semanas después, su papá lo acompañó a pedir mi mano. Como ellos vivían en un rancho muy alejado, uno de sus tíos ofreció su casa para hacer la fiesta. Mi vestido de novia fue hecho con raso y encaje muy finos y tenía un bordado precioso. Se mandó hacer con una costurera que trabajó en una tienda de la capital. La iglesia la adornaron con flores naturales. El altar estaba repleto de lirios, tanto que el Padre casi tropieza con uno de los jarrones. La misa fue hermosa.

 

Se contrató a unos huapangueros muy famosos en aquella época, por lo que llegó gente de otros ranchos y la fiesta tuvo que prolongarse por varios días. Hasta tuvieron que matar más borregos para la barbacoa. Durante el baile, nomás se veían los sombreros dando brincos entre la polvareda. No faltaron los balazos al aire y los gritos. Ay, fue una fiesta muy alegre.

 

II. Como quedé huérfano de madre muy chico, tenía que buscar a una mujer para que cocinara y cuidara a los animales mientras nosotros íbamos a la milpa. Así que fuimos al pueblo. Su abuela era muy bonita. Tenía una carita muy afilada y unas trenzas muy largas. Mi hermano me aconsejó que le mandara una carta por medio de la prima de Mercedes. Él me hizo favor de escribirla porque yo no fui a la escuela. Quién sabe qué diría porque su abuela luego-luego me dio el sí. Tampoco supe por qué se casó conmigo si tenía hartos pretendientes.

 

Mi papá y mi hermano fueron conmigo a pedir su mano. Hasta eso, nos recibieron muy bien, a pesar de que no teníamos tantos animales en ese entonces. Aprovechamos el viaje y pedimos a la prima de Mercedes para mi hermano. Así que fue una boda doble. Como la mujer de mi papá estaba medio loca, mi tío se ofreció a organizar la fiesta. La misa estuvo bien a pesar de que el Padre casi se cae de boca, ya estaba muy viejillo y no veía ni oía casi nada. Como las flores eran de papel se guardaron para otras fiestas. Su abuela usó el vestido que le regaló la señora de la hacienda donde trabajaba.

 

Uno de los hermanos de Mercedes era músico. Cada que había fiesta, llegaba gente de otros pueblos.  Comían, bailaban y bebían por varios días.  La nuestra no fue diferente. Yo creo que mi tío escondió algunos borregos porque nomás nos quedaron unos cuantos y aun así, la barbacoa se acabó pronto. Yo ni comí. A ratos, los muchachos se alborotaban y comenzaban una pelea sin motivo. Hasta balazos hubo. Ya luego se tranquilizaban. Lo bueno fue que al día siguiente regresamos al rancho, y pude tomar de la mano a su abuela.

 

Lorena Tristán

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