Fumar en el ártico

Bastaba leer sus nicks en el messenger para darse cuenta que era especial. Tan ingeniosos, a veces poéticos. Maldita sea, cuántas veces trató de ponerse creativo con los nicks y lo único que conseguía eran líneas absurdas, chistes tan locales que sólo los entendía él mismo, o tan torpres que terminaban siendo cursis o simples. Pero ella, maldita sea, siempre tenía un nick nuevo, grandioso, poético, inteligente. Cada vez que abría el messenger esperaba con ansias ver que había escrito. Se había propuesto llevar un registro de sus nicks y ponerlos en un blog, pero era una de las tantas ideas que pretendía hacer y nunca hacía.

Además, estaba loca. Es decir, atractivamente loca. Contaba historias divertidas. Como cuando trabajaba en la zapatería y convenció a una señora encopetada de comprarse unas zapatillas doradas que parecían de teibolera. Dirigió el mouse hacia su nick. Doble click. Pantalla en blanco. –Hola. Escribió –Holap, respondió. –Que rollo? que haciendo escribió Inés. –Nada, esperando que sean las 6 para irme a la pizza, contestó Carme.

Inés Paulino. En qué momento sus papás salieron con el chiste de ponerle Inés Paulino.  Y por supuesto, en la escuela jamás pudo quitarse el Inés de encima. Al final fue mejor, es decir, mejor Inés que Pau. Ya estaba acostumbrado a que la gente le preguntara qué se sentía tener nombre de mujer. Pero Carme no. Ella sólo dijo –eeeh que chido nombre! y qué chida foto tienes. La foto de su messenger era en blanco y negro. Él mismo la había hecho con el photoshop.

Los había puesto en contacto un cuate de Inés. Le dijo –Te voy a conectar una morra que te va a caer bien, esta bien loca y de esas te gustan ¿no? Y le escribió: carme_82@hotmail.com.  El la dió de alta y al otro día empezó a leer sus nicks. Después de tantos meses, le asombraba que alguien pudiera llegar a tener un estilo para los nicks.

–Nos vemos más tarde? Le preguntó Inés. –Órale! pasas por mi a la pizza? escribió Carme. –Hoy me toca cerrar tons salgo hasta las once pero pues de ahi nos vamos por unas chelas. –Va pues, y pulsó el enter con satisfacción.  –Sale, bai, ya me voy a bañar, escribió Carmen, y su nick desapareció.

Inés siguió chateando un par de horas más, se terminó una cerveza y luego se metió a bañar.  Tomó el metro y llegó al barrio donde estaba la pizzería donde trabajaba Carme. Se asomó a la ventana y se quedó viendo unos momentos la danza absurda de los autómatas que pasaban pizzas y decían gracias a coro. Se acordó de cuando trabajó en una de hamburguesas. Sólo aguantó una semana. Trabajar de uniforme haciendo comida no era exactamente lo suyo. Carme volteó y levantó la mano de hola y espera un rato. Inés asintió y se sentó en la banqueta.

Unos 15 minutos despues, los autómatas se deshicieron de los uniformes y volvieron a ser personas saliendo de trabajar.  Inés se paró y entró a la pizzería. Carme metía trastos y cajas vacías al almacén, al volvér saludó a Inés de beso y le dijo –¿Quieres entrar al ártico? -¿Qué es eso? respondió. –Vente, vas a ver. Le pasó una chamarra que estaba colgada y le abró la puerta de la cámara fría, y ella entró detras de él.  –Oorale! Aquí si hace frío. Dijo Inés sacando humo por la boca. –Pues si wey, aqui se guarda la pasta y todo lo que se puede echar a perder. Pero mira lo que traje, dijo, y sacó un cigarro forjado bastante generoso. Inés sólo levantó las cejas. Carme dijo –Alguna vez has fumado en el ártico? y se hechó a reir.  Sacó el encendedor y encendió la hierba que chisporroteó un poco. Dió dos largas bocanadas y se la pasó a Inés. Se sentaron en el piso y el humo se mezcló con el vaho de su respiración. En pocos minutos Inés reía y Carme le contaba más cosas para hacerlo reír más. En un rato más que ninguno supo cuánto tiempo fue, comenzaron a besarse, y poco tiempo antes de dejar de registrar los eventos en la memoria, estaban medio desvestidos, en el piso, tratando de hacer el amor. 

Inés despertó totalmente entumido. La luz neón de la cámara fría parecía concentrar el humo que no se disipó. Despertó a Carme y se levantó. Carme se rió de nuevo y se tambaleó hasta pararse. –Que pinche frío hace aquí, ya vamonos! dijo. Salieron y ya en la cocina se abrazaron. –Estás bien loca,  dijo Inés. Ya sé… respondió ella y de nuevo se rió. –Ayúdame a apagar la luz, le dijo, e Inés se fue al tablero y bajó el switch de la pizzería. Salieron y Carme cerró con llave.

–Ya es tarde para las chelas dijo Carme. Mejor ya vamos a dormir, además tengo hambre. –Te acompaño a tu casa  dijo Inés, tratando de recordar todo lo que había pasado.  Ya habían hecho cosas locas pero esa superaba todas. Paró un taxi y subieron. En algún momento del trayecto, hasta se asustó un poco, pero se lo atribuyó a la resaca, quizá moral. Al llegar a casa de Carme, ella bajó, le plantó un beso y le dijo: te veo mañana en línea no? – Claro! mañana te busco en el chat, respondió Inés Paulino, que usó el regreso a su casa para tratar de recordar los detalles del revolcón.

Jordi Rosquillas Tovilla  

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: