El extranjero

Ella

era de noble entraña /

sus arterias eran jazmines

de diagonal sonrisa / su piel

se extendía en territorios de vastedad finísima / compartíamos miradas a través del callo de la luz

 

En el altar

de sus suaves labios /

encontré un limbo de colibríes

 

Su mirada era una clara manifestación de límpida ternura /

de fugaz destino

 

Aguardó / paciente

los tiempos de la fertilidad /

del erotismo desbocado en el telar de sus pestañas

En su cabellera

había una cascada de frágiles deseos /

que el viento

acariciaba con soledad altiva

 

Balbuceo

su nombre como un vago recuerdo de fantasía /

Fui

siempre un extranjero /

en el río de su sangre adormecida.

 

Arturo Ortega

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