Empleos

Cada que pierdo un empleo un barrote se rompe, los otros presos

[aprovechan y salen tras de mí.

¿Qué nos espera lejos de la celda en la que fuimos cada vez más

[viejos?

No hay escritorio que llore por nosotros.

La mujer que se tendió desnuda, enfebrecida, sobre la mesa de trabajo

[la bebimos de un sorbo.

El reloj chocador –siempre del lado del que paga- borra tu nombre tan

[pronto te despides de tu vieja familia.

Mis jefes han sido líderes sindicales, damas encopetadas,

[menopáusicas, perfeccionistas, científicos locos.

Igual, tarde o temprano te indicarán la puerta.

El que te finiquita observa complaciente, en el fondo ama tu libertad.

Adiós, amigo, preso estás afuera y aquí.*

Hay un tiempo en que se cambia de empleo como de amores

otro en el que ven con desconfianza tu currículum.

Dejar un empleo no es alegre ni triste.

Guarda tus diplomas, diviértete, viaja, alquila una puta joven con las

[bragas chiquitas y la sonrisa puesta.

Si tienes mujer cómprale regalos, llévale serenata.

Invita a tus hijos a un concierto de Shakira.

Desnuda a tu novia con paciencia y hagan el amor con fiebre y

[desesperación sobre los billetes nuevos.

 

Repite la operación todas las noches. El amor da fuerzas, y un poco de

[felicidad no estorba.

 

* Variación de un verso de Alejandro Contreras: “preso/ estás/ afuera/ y/ preso/ estás/ aquí”.

 

Margarito Cuéllar

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