Con tinta roja

¿Por qué es mejor una carta que hablar contigo en persona? Ese cuestionamiento es el  que me hago a mí misma, y yo sé que es la misma pregunta que  te vas a  hacer cuando la recibas, y cuando comiences a leerla. ¿Por qué prefiero escribir todo lo que siento en vez de hablar contigo? Es simple, porque cuando hablo contigo en realidad nunca digo nada, y cada vez que me preguntas qué es lo que siento, te contesto que no sé, y ésa es la verdad; tal vez eso se debe a la falta de educación sentimental, por lo cual no sé darle un nombre a cada sentimiento que tengo. Solo sé reconocer dos sentimientos: uno es el amor y el otro la tristeza; son antónimos, y creo que he estado más cerca de uno que del otro, y los dos los he sentido contigo, uno más que el otro; no quiero que esto vaya a sonar como un reproche, pero han sido más las veces que he sentido la tristeza al estar cerca de ti; tal vez también los celos, porque desde que nos conocimos tú me externaste tu idea de no creer en la monogamia, a lo que te contesté que yo tampoco creía en la monogamia, pero después me di cuenta que no podía imaginarte con otra mujer, y me di cuenta de que a ti te pasaba lo mismo si me veías con alguien; esos ataques de celos de tu parte me hacían sentir tranquila. El por qué te escribo una carta, es algo secundario, el principal motivo es que pienso que debemos dejar de una vez por todas el pasado, porque yo desde hace un tiempo me mantengo de buenos recuerdos, de cosas que viví contigo, y los dos sabemos que esto no es sólo cosa mía, que los dos estamos enganchados y tal vez por eso no podemos tener otras relaciones, ya que tú ya lo has intentado con Mariela, Gina, Celina, Liliana y Alejandra, y yo por mi parte he hecho lo mismo con Jorge, Jesús y José Luis; con José Luis cómo iba a poder intentarlo si me acordaba de ti por el nombre, ja, ja, si hasta mi nombre me recuerda al tuyo (Chema) y creo que con el cuarto muchacho con el que estoy intentándolo sí va a funcionar, las cosas van en serio. Voy a contarte un poco de él, no los quiero comparar, quiero dejar de hacer eso, porque eso ha sido lo que me ha llevado a fracasar con los demás, y con él me estoy ilusionando más. Te voy a decir que él es igual que tu hermano, es un tecnócrata al que casi no le gusta leer, prefiere jugar videojuegos, y es un Ex-A-Tec, por lo cual su pensamiento es completamente  neoliberalista , aunque la verdad es que sí lee un poco, sobre todo escritores franceses; él y yo nos conocimos en nuestra clase de francés; él lo hace para tener otro idioma, además del inglés y el español, porque ya ves que vivimos en un mundo globalizado y dos idiomas son pocos, además de que trabaja en una compañía que se encuentra por todo el mundo, con sus cementeras contaminando y haciéndose ricos a costa del ambiente, y el principal daño que han hecho aquí es al Cerro de las Mitras, de donde por años han extraído la piedra, y le han dejado unos huecotes que han cambiado el paisaje de nuestras montañas, y pues tú sabes que el francés yo lo necesito porque, si no sé francés, no le voy a entender nada a la literatura que tengo que consultar, porque de ahí me voy a basar para hacer mi tesis; ya sabes, en farmacología lo más avanzado está en Suiza, y ellos publican en francés; el caso es que así lo conocí en mis clases de francés. Con él (se llama Noé) son más las alegrías que las penas; la verdad es que al principio me sentía rara, pues no estaba acostumbrada a sentirme tan alegre; una vez leí que estamos más acostumbrados a la desgracia que a la felicidad, pero ahora yo quiero sentirme feliz, y aunque sea de los que piensan  (igual que la mayoría de las personas de clase media) que López Obrador es igualito que Hugo Chávez, y  que México va a ser como Cuba si gana, aunque yo no comparta muchas de sus ideas y menos las ideas políticas (ja, ja, me dice niña roja y caudilla), todo eso para mí son detalles nimios y no les doy importancia, por toda la ternura que él me da, y porque sé que él se muere de amor por mí, porque me ha dicho que quiere su propia casa (visión materialista) y familia a mi lado, y eso ha hecho que yo le vaya tomando cada vez más cariño y tal vez me llegue a enamorar de él.

Si llego a enamorarme de él (Noé), esa será la segunda vez que me enamoro de alguien, porque la primera vez fue cuando me enamoré de ti; entonces tenía 18 años recién cumplidos, ahora tengo 20; tú estabas a unos meses de cumplir 20, pues eres del 29 de febrero del 84 (año bisiesto) y yo del mismo día del terremoto en la Ciudad de  México; la suerte es que yo nací en Monterrey y tú vivías en la Ciudad de México; suerte porque ese temblor hizo que te vinieras a vivir acá, cuando tú tenías un año y ocho meses. Un mes y diez días después del temblor tu papá te tomó en brazos y subió a un avión que los traería a Monterrey; un 29 de octubre llegaron a Monterrey, tus hermanos y tu papá contigo en brazos, tu mamá los alcanzo después. Fue lo que me contó tu papá. Yo nací en medio de una desgracia, pero en otras latitudes, por suerte no fue en la Ciudad de México por lo cual creo que la suerte estuvo de nuestro lado y fue posible que nos conociéramos; ya sabes qué mala suerte tuvieron los niños que nacieron en los hospitales de la Ciudad de México el 19 de septiembre del 85, y por esa  misma desgracia tus papás cambiaron su lugar de residencia a un lugar donde la tierra no se moviera; tal vez desde ahí hubo algo que deparó que tú y yo nos conociéramos cuando yo tenía un mes y diez días de haber cumplido 18 años y tú tenías 19, te faltaban unos cuantos meses para cumplir 20; en el 2004 iba a ser tu cumpleaños, porque con eso de que eres de año bisiesto hay que esperarse cuatro años para festejar el cumpleaños, ja, ja; nos conocimos un 29 de octubre, el mismo día en que tú llegaste a Monterrey cuando eras un bebé 18 años atrás; ese día estaba yo estrenando mi credencial de electora; cuando cumplí 18 años (al día siguiente) ya estaba yo en el IFE, tú andabas con tus amigos de la Facultad, en el lugar en el que yo me estaba festejando, y entre toda esa gente, nos fuimos a encontrar, parecíamos predestinados para así bailar; yo iba con mis fresas amigas de la prepa del San Patricio; recuerdo que ibas acompañado de una chava, de la que no recuerdo ni su cara ni su nombre, pero sí recuerdo que la dejaste sentada, te acercaste a mí y me invitaste a bailar, yo acepté, y…. nos besamos bailando en medio del lugar; esa canción de Café Tacvba, la de el baile y el salón, esa canción que se escuchaba mientras bailábamos, y en la parte de la canción cuando dice: Y ahora que estamos en la pista tú y yo, no quiero que dejemos de bailar así, pues vienen otros ritmos que te quieren separar de mí, y no pueda abrazarte ni sentir tu cuerpo, y vuelva a bailar solo como antes de estar junto a ti, Y así bailando quiero que me hagas el amor, de hombre a hombre voleuz-vous coucher avec moi?, ja, ja, ya te sabes la canción, pero recuerdo que ése fue el momento en el que sentí como se me clavaban tus costillas, me tomabas firmemente de la cintura y me abrazabas. Sentía todo tu calor y olía el sudor de tu cuerpo, junto con tu respiración que era muy acelerada, y después probé el sabor de tu boca, que era una mezcla de cerveza con cigarro, así fue como al igual que los personajes de esa canción que eran homosexuales, tú y yo terminamos besándonos toda la noche en un amor muy heterosexual. (¿Sabes que unos meses antes de conocerte a ti, estaba escuchando la misma canción y también estaba acompañada? Estaba con Gerardo, nunca se cayeron bien ustedes dos; estábamos en la Huasteca en un concierto de Café Tacvba que era gratis, aunque era muy difícil conseguir los boletos. Pero Gerardo tiene un tío que trabaja en El Norte y se topó con Rita Cantalagua en el elevador y le regaló los boletos, y así me invito al concierto, y se escuchaba el baile y el salón cuando me dijo que yo le gustaba; yo me quité de ahí con el pretexto de que había un ciempiés, bendita la naturaleza que me salvó de aquel momento tan incómodo) y así seguimos tú y yo, la música siempre estuvo de nuestro lado, el ritmo no nos separó, y los dos seguimos bailando en medio de besos y tragos, aunque tú bailabas muy mal, ja, ja, hasta que me di cuenta de que tenía que regresarme a mi casa y mis amigas fueron por mí y te dí mi teléfono; tú no querías soltarme la mano y te ofreciste a llevarme a mi casa, pero a las mochotas de mis amigas no les inspiraste confianza, por tu aspecto desaliñado; entonces te dí un beso y me fui casi corriendo; pensé que no iba a saber nunca nada más de ti, hasta que unos días después te vi en la macroplaza, en un concierto de un grupo que toca reggue, que estaban tocando ahí por el Festival del Barrio Antiguo, y después de esa vez nos hicimos inseparables, hasta que a ti, en séptimo semestre de la carrera, te entró esa crisis vocacional, que yo creo que fue algo más bien existencial, porque estuviste más existencial que de costumbre, y te fuiste a México, por tener siempre esa nostalgia de un lugar en el que naciste pero nunca viviste, en el cual se quedaron enterradas en los escombros todas tus fotos de cuando eras bebé, por lo cual siempre pensaste que eras adoptado; yo sé que tenías que buscar esa parte que te faltaba llenar, que querías tener un nuevo inicio y buscarlo en ese lugar por el que sentías tanta nostalgia, pero tú siempre has sido tan diferente que era normal que te sintieras extraño estando aquí, y tal vez allá sólo ibas a ser una persona mas, y que aunque yo siempre te quise mucho no pude llenar los espacios que sentías vacíos, era algo que no estaba en mis manos. Como ya no íbamos a estar cerca, tú me dijiste que era mejor que cada uno intentara por su lado, en lo cual estuvimos de acuerdo, pero yo sólo dije que estaba bien de dientes para afuera, porque siempre mantuve la esperanza de estar contigo de nuevo, y la canción que siempre tenía en la mente era la del disco de Café Tacvba. Avalancha de Éxitos, que bueno, no es una canción de ellos sino de Leo Dan, la de Amor Divino, y dejé de cantarla cuando volvimos a estar juntos; recuerdo muy bien el día que mi teléfono sonó a las 2:00 a.m., como hacía mucho tiempo no sonaba, y la voz que escuché fue la tuya, y llegaste a mi casa, pero como duermo en el cuarto con mi hermana, me escapé y llegamos a tu casa y, como de costumbre, tu cuarto estaba hecho un desastre y más porque acababas de llegar de México y tu cama estaba ocupada por todos los libros que habías traído y los dvd´s y discos pirata que te compraste en Tepito, y como no había más lugar que el suelo, ahí mismo hicimos el amor; ahí literalmente el amor nos dolió, pues yo me encajé una botella que sólo me dejó un moretón, pero tú te raspaste las rodillas con la alfombra, y otra vez no había quien nos separara y eran otras las canciones que sonaban en mi cabeza, pero como tú no creías en la monogamia y yo tampoco, tan pronto como alguien quería conquistarme tú intervenías y, además, salías con otras changas, pero pues yo podía hacerte lo mismo y siempre estuvimos así, sin aceptar que queríamos estar juntos y sin poder estar con otros, como diría mi amiga la Melissa: ni comíamos ni dejábamos comer. Te voy a confesar que un día, sin que te dieras cuenta, vi lo que tenías en tu laptop. Había una carpeta con mi nombre (bueno, más bien con mi apodo, decía “la china”, ja, ja, que más bien tengo el pelo liso, pero me decías así porque me gustan mucho los kimonos), y vi que tenías los correos que yo te escribí, y también estaban los correos que tú nunca me enviaste, pero que esa vez yo leí, y fue construir una historia con todo eso, y eran del mismo tiempo en que no estuvimos juntos, perdón por haber hecho eso. Un libro me llevó a reflexionar sobre nosotros, y no es un libro de superación personal, tú sabes que los odio, es el mismo libro en el que te dejo esta carta. Es la novela de Alan Pauls, El Pasado, y creo que tú y yo somos como Sofía y Rimini, tan aferrados al pasado pero sin poder estar juntos, tan enamorados pero sin reconocerlo; tú y yo viviendo de recuerdos; ¿Y sabes que Rimini era traductor como tú? Bueno, tú eres lingüista. Por eso fue que reflexioné acerca del pasado y pienso que ya no podemos vivir de recuerdos y que debemos de dejar lo demás atrás. Rimini era traductor, algo parecido a lo que tú haces, pero pienso que yo me parezco más a él porque al final él recuerda todo lo que es y por eso deja de una vez por todas a Sofía; por eso es que te dejo de una vez por todas, en esta carta llena de sentimientos y recuerdos. Escrita en letra de molde y con tinta roja. 

María

Claudia Rivera Garza

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