Desfile de lo viejo nuevo

De pie ante una colina, vi a lo Viejo acercarse, pero venía como lo Nuevo.

Se tambaleaba, con sus muletas nuevas, nunca vistas, y apestaba a frescos humores de decadencia, nunca olidos antes.

La piedra que pasó rodando resultó ser el último invento, y el grito de los gorilas que se golpeaban el pecho se impuso como la última composición musical.

Por todas partes se veían tumbas abiertas vacías, conforme lo Nuevo avanzaba hacia la capital.

En los alrededores estaba presente lo terrible, gritando: Ahí viene lo Nuevo, es nuevecito, viva lo Nuevo, ¡Sé nuevo como nosotros! Y todo aquel que escuchaba, no escuchaba más que sus gritos; mas todo aquel que veía, veía a los que no gritaban.

Así, lo Viejo se abrió paso disfrazado de lo Nuevo, sólo que se llevó consigo a lo Nuevo en su procesión triunfal y lo presentó como lo Viejo.

Lo Nuevo iba maniatado y en harapos; sus espléndidos miembros quedaban a la vista.

Y la procesión fue avanzando a lo largo de la noche, mas loq ue parecía la luz de la madrugada era sólo la luz del fuego en el cielo. Y el grito: Ahí viene lo Nuevo, es nuevecito, viva lo Nuevo, ¡sé Nuevo como nosotros!, habría sido más fácil de escuchar si no se hubiera ahogado en el estruendo de los cañones.

Poema de Bertolt Brecht leído por Xavier Araiza

 

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