De mar y viento

                           A mi hermano Checo,

                           a quien en su cumpleaños de vida

                           lo vuelvo a vivir con el corazón.

 

¿Qué será de ti, hermano,

desde la fuga que tu alma peregrina

obligada fue a emprender

desde la mar a tus estancias?

 

¿Dónde cantarás ahora

que nosotros,

                      los que estamos

hechos de la misma lluvia,

                 la misma luna,

                 la misma madera,

hemos preservado el hueco

que tu voz en quiebre nos dejara?

 

¿De las entrañas

                          de qué madre,

que te acogió amorosamente,

regresa en ocasiones tu alma requerida?

 

Si tú pudieras escucharme

más allá del tiempo y la materia,

desde aquí a tu no-lugar,

yo te preguntara:

 

¿Qué será de ti…

si habrá viajado tu alma

a lomo de gaviota,

 

o cabalgado a la grupa de un corcel,

carne de nube, relincho de trueno,

 

si envuelto en brisas

vientos del norte te alejaran

 

o salta que salta                 sobre las olas

abordado habrás un barco

que apareciera en lontananza?

 

¿Qué será

si de alguna caracola

el susurro fuera tu voz

que se convirtiera en secreto

prematuramente

y de hilos de espuma

tejieran las sirenas tu mortaja…?

 

                 II

Andarás por aquí o por allá,

con tu guitarra destartalada a cuestas,

sonrisa al voleo,

pelo largo que mece el viento,

precisamente como el trigo:

tallo verde, cabello dorado,

alto y espigado.

 

Cómo habrías florecido.

 

Cuál de las canciones

que armaste en el camino,

cuál de los versos

de Antonio Machado cantarías

ahora y en la hora

de las solemnidades.

 

Cuánto duele en tu rostro serio

tu inasible sonrisa

que me hace feliz

siempre que llegas

desde tu mar a mis estancias,

pero duele más

que en el punto del arribo y la partida,

cuando apenas agitabas

tus alas y tus sueños,

tu fuerza y tus amores,

en ese punto caótico

del casi hombre-casi niño

haya quedado más temprano

tu adolescencia quieta,

tu utopía en ciernes

y una canción al viento.

 

Y ahora que de tierra es tu cuerpo

y de savia tu sangre,

de madre-madera tu alma,

desde la entraña del ciprés

que a tus pies se yergue fiel

en su posta de centinela,

de la mano del amoroso padre

has regresado…

y como en la brisa que te habrá alejado,

una lágrima furtiva

a mi dolido corazón te trajo.

 

Arturo Valdez

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: