Archive for the ‘Ensayo’ Category

Comunicación existencial

July 28, 2008

La comunicación existencial es un diálogo entre dos personas unidas afectivamente por una sensación común. El diálogo no se limita al canal humano, sino que también se efectúa por medio de los canales artificiales modernos. La diferencia con las demás formas de comunicación está en el contenido del mensaje y no en la forma -conceptual abstracta, visual, auditiva, táctil- que lo envuelve. 

El contenido del mensaje existencial es una sensación. De este modo, un determinado individuo puede sentir la experiencia de otro que vive en un espacio y tiempo diferentes, comprender la situación humana en su circunstancia y hacer la traducción universal afectiva. 

¿Qué es lo que une más firmemente a dos o más personas, sino una experiencia común sentida vivamente? Por ejemplo, en dos jóvenes que han perdido a sus padres en la lucha zapatista, el dolor que sienten es el contenido de un verdadero diálogo existencial. Ellos son los únicos que pueden entenderse en forma clara y profunda. 

La comunicación existencial rompe con el velo que separa a dos corazones, haciendo de ambos un santuario único de intimidad donde se siente vivamente la presencia del otro, como un mismo yo fundido por el amor, la alegría, la tristeza, el dolor o la angustia. 

Cuando entre dos personas no hay una sensación común experimentada como pasada o vivida en el presente, o experimentada como deseada, no hay en ellas verdadera comunicación existencial. 

Dos personas distintas comienzan a comprenderse cuando uno de sus conceptos penetra en la intimidad del otro y, al abrir su contenido de fibras emotivas, se da un encuentro con sensaciones afines que contienen registrada una historia específica de experiencia existencial. Cuando este encuentro no ocurre, el lenguaje no puede ser sentido, no puede ser comprendido existencialmente. 

Nehemías González García

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El estilo es el hombre

June 21, 2008

“El estilo es el hombre”: esta conocida frase, atribuida a Buffon, les parece a muchos escritores, poetas e intelectuales una “frase” hecha”. Al correr de los tiempos se ha transformado en un lugar común, en una escapatoria, en una armadura intelectual que pueden esgrimir para explicar el estilo propio y escapar de situaciones y preguntas  embarazosas.

Pero, ¿qué significa en verdad “el estilo es el hombre”? Podemos aventurarnos y sostener que nuestra conducta humana, en todos los planos de actividades (pensar, opinar, escribir, sostener normas o tener puntos de vista fruto de nuestra formación, lecturas preferidas, experiencias de la infancia y el pasado más lejano, la vida familiar), es la que se abre paso a cada instante en nuestro obrar, en nuestro vivir, a veces sin tener conciencia, y rubrica todo cuanto hacemos. Esa manera de actuar, ese comportamiento peculiar, propio, diferente y específico, es el estilo. Por eso, todo lo que el hombre hace tiene estilo. Tiene estilo, porque, además de estar determinado por las actividades  y su quehacer dentro de la vida social e intelectual, está conformado por sus más profundas y auténticas preferencias elaboradas durante años. En cada ser individual descubrimos siempre un estilo propio, el cuño personal y auténtico que se refleja en todo lo que el hombre engendra, promueve, crea, desde el gesto, la conducta, el ademán y el comportamiento social e intelectual, su adhesión a ésta o a aquella otra corriente del pensamiento, la estética, la literatura, y por supuesto, la obra artística del músico, el poeta, el pintor o el escultor, los escritores, etc..

En la vida cotidiana, los seres humanos conviven en intimidad durante mucho tiempo. Y entre ellos “…cuaja una coincidencia esencial en las preferencias absolutas, puede suceder que los ideales humanos de todos y cada uno concuerden en ciertos rasgos generales; que un determinado tipo o modo de «ser hombre» se repita en cada uno de los ideales individuales; que en el fondo de cada estilo individual esté latente y actuante un estilo colectivo” (Manuel García Morente − ¿Qué es el estilo?) ,  aunque cabe aclarar que se debe hablar en plural,  de los “estilos colectivos”.

Quien admira la obra poética de César Vallejos dificilmente podrá digerir los poemas de Jorge Luis Borges… Lo cual no es un delito…

Entre la prosa de Roberto Arlt y la de Juan Rulfo hay trayectos culturales y sociales muy distintos. Quien nace en una gran urbe, vive y muere en ella, se contacta con capas sociales marginadas, hombres trasegados por la angustia y el rechazo, criados en las miserias colectivas de la gran ciudad, no tiene puntos de contacto con la vida rural, pero la miseria, el hambre y el marginamiento existen y se equiparan. En definitiva, las consecuencias son las mismas, vistas y vividas desde perspectivas diferentes.

El estilo de Arlt y el de Borges se abren como una tijera. Las fantasías de los personajes de Roberto Arlt, de los años 20 y 30 del sigloXX, y  el realismo mágico de Gabriel García Márquez en los años 60 y 70, son dos vertientes  que tienen poco en común: son dos estilos, dos escritores surgidos en épocas  disímiles. Y aunque los dos fueron periodistas, tenían el estilo propio, incomparable. La impronta de cada uno de ellos era el sello de la época, el país, el origen, la formación cultural, las lecturas.

El estilo es el hombre −dentro de su aparente simplicidad−, y abarca a todos los estilos, a todas las corrientes literarias, pero cada hombre de letras, aún dentro de su grupo de expresión más general, siempre aportará su “yo interior” específico, sus propiedades humanas, únicas e individuales.

Por lo tanto, esa simple frase de Buffon: el estilo es el hombre, encierra la complejidad de lo breve y la riqueza de la profundidad.

© Andrés Aldao; 20 de junio, 2008